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Recién muchos han dicho que las economías de algunos países de Latinoamérica están robustas ahora, claro que parecen más fuertes que la de los EE.UU.  Las cifras señalan que existe una depresión económica en el país norteamericano, mientras cada vez aumentan las del Sur.

Pese a felicitarlos por las buenas noticias en Latinoamérica, ¿por qué cuestionar o dudar algunas?  En vez de analizar la situación, ¿por qué criticarla?  ¿Acaso nadie pudiera superar las nubes de sospecha?

Suelen difundir algunas estadísticas reveladoras que indican una transferencia de dinero que apoyaría el crecimiento económico de tal manera beneficiándoles a los países sureños.  Se trata de los miles hasta millones de giros que envía la gente de los EE.UU., España y otros países.  De hecho, los inmigrantes que se hayan ido de los países de Latinoamérica abonan tanto dinero a sus familias aun permanecidas en el Sur.

Un ejemplo de las cifras: Casi un millón de peruanos vive en los EE.UU., y en el último año de 2007 enviaron alrededor de 1.600 millones de dólares en giros u otras transferencias a sus familiares que permanecen todavía en el Perú.  Claro que este nivel de transferir dinero ha afectado la economía del Perú de manera positiva.  Ahora, apuntan los políticos de los EE.UU. que ya van disminuyendo las transferencias en 2008 debido al aprieto en dicho país.

Tal como celebramos las buenas, quizás vayamos a compartir la pena de las malas entre los países del Norte y el Sur.  Más adelante veremos las cifras de este año, y hemos de analizarlas y reflexionar acerca del tema de nuevo.

“Si fuera joven de nuevo yo” podrá comenzar muchas declaraciones hoy en día.  Si fuera joven de nuevo, yo podría estudiar otro rubro u otro campo de tecnología.  Si fuera joven de nuevo, yo ahorraría más dinero en vez de malgastarlo.  Si fuera joven de nuevo, yo hubiera sabido no meterme con la gente equivocada.  Seguiría todo lo largo del día.  Arrepentirse cuesta bastante cuando venga demasiado tarde en el camino.

Lamentablemente, me encuentro sin trabajo en este momento.  Como padre de familia, aún más nos duele a todos, no solamente a mí.  Me entristece verlos sufriendo por la falta de nuevas cosas, porqué las demás familias de nuestro alrededor no están en las mismas circunstancias.  Pero bueno, ya estoy metido en la búsqueda de nueva chamba, y claro que voy a conseguirla dentro de poco.  Así me convenzo salir adelante.  No puedo fracasar ni demorarme… no cuento con ese lujo de tiempo.  La presión crece, al parecer.

Si vives en un país con buena economía como el Perú, no te desesperes, digan.  No está tan mal acá como en los EE.UU., tu país.  Mientras tanto, no se fijan en los perjuicios en mi contra, un extranjero que debería gozar la buena vida, pues todos son ricos, piensen.  No se dan cuento de aquellos perjuicios ni de la realidad cotidiana en la cual se vea cada persona individualmente.

El ritmo y el paso de haber tiempo desocupado sean ajenos a los trabajadores.  Los que no les haya sucedido un desempleo no comprenden tanto el dolor ni la lástima de la situación.  No les corresponde ponerse en el lugar de otros por algo tan penoso.  Los entiendo, porqué vivía en las buenas también por mucho tiempo en el pasado no tan lejano.

Los suspiros me llenan los momentos de soledad, porqué la búsqueda de trabajo es una actividad que requiere pasarla a solas para poder dedicarse al asunto.  ¿Será distinto el día de hoy?  Acaba de timbrar el teléfono.  ¡Aun existe la esperanza!

En esta temporada de verano, la prensa de los EE.UU. ha inventado aun otra palabra para aumentar ese vocabulario grandote del inglés norteamericano.  A propósito, se trata de la depresión económica y tanto temor en que se encuentra el país este año.

Siendo nativo de dicho idioma (para que no se pierda nada en traducción), traduzco “staycation” así: vacaciones en que se quede a casa o, por lo menos, no se viajara muy lejos de casa.  Debido al precio de combustible allá en los EE.UU., mucha gente prefiere no gastar tanto para sus vacaciones este año.  Con la incertidumbre del momento alrededor de las elecciones presidenciales y la guerra en Irak, además la crisis de crédito, toda situación preocupante le quita las ganas de correr tantos gastos de entretenimiento ahora.  No se sabe si disminuyeran los ingresos, y de hecho nadie querría arriesgarse con más deudas.  Así crece la mentalidad en el país en este momento.

En “staycation”, el punto es bajar los costos de vacaciones por medio de no comprar boletos de vuelos, o no alojarse en hoteles.  Se supone que todos van a seguir comiendo igualmente – la situación económica no debería afectar los insumos todavía.  No está tan mal el aprieto.  Algunas personas se van a campamento o a sitios campestres, por ejemplo.  La meta es no correr tantos gastos mientras pasárselo bien.

Todos se dan cuenta que en las vacaciones este año, el nivel de diversión no será igual.  O sea que haya conexión alguna entre el costo y el goce.  En el mundo de lo material, lo barato carece algo de respeto, o de hechizo quizás.

Perdido en traducción, o perdido sin traducción, de veras “staycation” será palabra de corta vida hábil.  Como cambiará el entorno, asimismo cambiara la necesidad para ella.