Hace casi un mes les escribí por correo a la revista peruana se llama Dedomedio. En vez de esperar más tiempo en silencio, ahora publico esa carta.
Estimados:
Primero que todo, les mando un cordial saludo y felicitaciones por editar Dedomedio, la revista cada vez mejor y la más deslumbrante del Perú. De hecho, ya están al nivel mundial cuando se compara con revistas de la vanguardia en Sudamérica, especialmente de Colombia y Chile. ¿Han pensado en la sindicación de su contenido? Oye, ya estoy adelantándome demasiado.
A propósito les escribo con miras de colaborar con ustedes y convertirme en redactor o corresponsal para su revista de maravilla. Ya vengo con bastantes propuestas de artículos; los siguientes son cuatro ejemplos:
(Recorté las ideas, las cuales me servirán en algún momento para este blog)
Aparte, me ocurre que me encantaría promover, difundir y/o traducir y difundir algo de su contenido, ya que no existe nada tan bravo en Norteamérica, donde no existe sentido de humor alguno en la prensa de la lengua española, especialmente en cuanto a la política. Ya me han publicado allá en inglés, pero en castellano aún no por ningún lado.
¡Aja! Ahora sale la sorpresita: aunque les parezca increíble que pese a mi apellido, no soy peruano. Enseguida escupo las verdades: soy extranjero residente, gringo, nativo de inglés, no cuento con ni una gota de sangre latina, ¡que barbaridad! Me expreso con dominio de castellano, y por medio de una astucia y bastante poder de observación, me entero de tantos temas que hay que escribir sobre ellos. Se supone que habré de explicarle al mundo según otro perspectivo. Así es, así será, y así ustedes editarán su revista divertida de alta información para el goce de conocedores de cultura.
Les pido el favor de una entrevista, antes de que me atropellen acá en la calle en cualquier momento. La vida es un ratito, nada más (disculpas a ese colombiano y sus pechiches, no es “ratico”). Para mí ya es hora para llevar a cabo este ensueño mío por ser escritor de artículos y crónicas en la lengua de Cervantes (y también la del rey de España y Hugo Chávez, a pesar de que no se callasen nunca jamás).

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